Opinión: Demagogia
Por Carlos Jijón
En un comunicado emitido a última hora del martes, las Fuerzas Armadas anunciaron que vigilarán el control para evitar el desabastecimiento de gas en el país. Los militares, advierten, custodiarán a los camiones que transporten el producto hasta las distribuidoras para verificar que el producto llegue y sea comercializado al público. ¿Exagerado? No. Desde hace semanas, el gas de consumo doméstico ha desaparecido como por arte de magia de las distribuidoras, y cuando aparece, es vendido a un precio mucho mayor que el oficial. La magia es muy sencilla: tanto en Colombia, como en el Perú, donde el Estado no lo subsidia, el precio del cilindro de gas es mucho mayor, por lo que desviarlo para venderlo de contrabando en las fronteras deja tales utilidades que hace atractivo hasta el desafío a los militares. El procedimiento es infame, antipatriótico, insensible con los más pobres, pero tan terriblemente coherente con la condición humana, que la única manera de evitarlo es eliminar el subsidio.
El Gobierno puede sacar a las calles a los militares para guerrear contra esas mafias. Puede lograr que sus diputados aprueben su ley de “soberanía energética” para penar con la cárcel a los mafiosos. Pero la manera más rápida de asegurar que las amas de casa puedan adquirir su cilindro (sin largas colas, en violenta disputa con los taxistas que pagan más para utilizarlo en sus vehículos) es equiparando el precio con el de los países vecinos. ¿Que es injusto con los más pobres? Lo injusto es que el producto no exista, y que las mafias se enriquezcan a costa de un subsidio. La discusión no es nueva: sucede siempre que el Estado intenta imponer unos precios que considera más justos, más dignos, más soberanos. Para hacerlos respetar, hay que utilizar la fuerza: lo único que provoca es lo que está ocurriendo ahora con el mercado del gas: el desabastecimiento. Y es lo que me temo va a ocurrir con el mercado del dinero, si es que llega a aprobarse que el costo de los créditos, esto es el interés, sea fijado por una instancia política. Es lo que ocurría antes, cuando la tasa de interés era fijado por la Junta Monetaria, ¿o es que ya nadie lo recuerda? El crédito se limitaba a unos cuantos privilegiados con los contactos adecuados, y pagando un interés real por debajo de la mesa.
¿Que el mercado es inhumano? Yo me temo que lo inhumano sea intentar imponer a la fuerza un sistema que no considere las características de los hombres. Veía, por ejemplo, el reportaje de una familia, en un barrio marginal de Guayaquil, a la que le parecía insuficiente la rebaja del precio de la electricidad a quienes consuman más de 130 kW. Tienen todos los electrodomésticos, pero no pagan la energía, porque les parece “demasiado cara”. A no ser, que el real objetivo sea halagar a la mayoría en la búsqueda del poder total. Eso claro, tampoco es contradictorio con el alma humana.

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